Caminando por el Barranco del Infierno, al suroeste de Tenerife, en cuyo final hay una estrecha garganta que conduce a una preciosa cascada, me encontré esta bella y plácida escena en un pequeño salto de agua. Un único Diente de León crecía allí, y decidí emplearlo para aportar contenido a la fotografía.
La combinación de formas, el resultado final que estimo armonioso, me permite contemplarla con orgullo e incluirla en mi índice personal como una de mis mejores fotos en cuanto a composición, si bien no estoy del todo contento con la iluminación.